domingo, 29 de abril de 2012

Del Adamawa al Oeste

Día 15. Domingo 27 de noviembre de 2011: Banyo - Fumbán

Al salir de Yaoundé hace 15 días solo teníamos dos cosas claras: que cogíamos un tren rumbo al norte y que el domingo 27 nos veríamos en Fumbán con otros viajeros. El día de ese rendez-vous ha llegado y en la capital del reino Bamoun nos esperan Iván, Clara y Pilar.
 
Amanecer en Banyo

A las 6.30 de la mañana nos plantamos en la estación de Banyo con los billetes que compramos ayer y la esperanza de no tener que esperar demasiado. La ciudad es completamente roja y no por la luz del amanecer, sino por el polvo. 

De camino al Oeste
Blogueros morenos

Salimos a las 7h, la pista es bastante mala y vamos muy muy despacio. Nuestro amigo del viaje nos habla de lo bonita que es la falaise, pero ésta no llega nunca. Van pasando las horas lentamente en esta pequeña furgoneta mientras avanzamos por el Adamawa en dirección al Oeste.

Tramo asfaltado de la pista entre Banyo y Fumbán
La falaise
En la furgoneta

En teoría son 6 horas de viaje, pero en la práctica tardamos 9, con varias paradas, incluida una obligatoria para rezar en una mezquita a la entrada de Fumbán.

Alto en el camino para estirar las piernas
Alto en el camino para rezar en la mezquita

El viaje ha sido más largo y pesado de lo esperado, pero solo por ver el paisaje ha merecido la pena. Además en Fumbán nos esperaba una excelente compañía con cervezas frías. El hotel (de la holandesa) es muy agradable y está muy limpio, pero para que los lujos no nos abrumen, hoy no hay ni luz ni agua, así que tenemos que continuar con el lavado con el cubo y con las linternas. 

El hotel familiar de los Louh, muy recomendable

Historias de los respectivos viajes (nosotros por el norte y ellos por el oeste) y planes de los futuros (todos juntos a la selva a ver gorilas) amenizan la cena.

sábado, 21 de abril de 2012

Recorriendo el Adamawa

Día 15. Sábado 26 de noviembre de 2011: Ngaounderé – Tibati - Banyo


5h de la mañana. Aún es de noche, pero los viajeros se levantan, el bus sale a las 6h y hay que llegar a tiempo. En la guía dice que se tardan 8 horas hasta Tibati y 5 horas más hasta Banyo. Se trata de una zona bastante aislada, con la pista en muy mal estado, por la que no pasan muchos blancos. Por delante tenemos un día entero de viaje, repleto seguro de aventuras.

Antes del amanecer ya estábamos en la estación de autobuses
La estación de autobuses de Ngaunderé no es tan nueva como la de Garua, pero también está muy bien preparada: con sus mezquitas (para hombres y mujeres por separado), sus baños y duchas y sus bancos de azulejos que a estas horas de la mañana están helados.

En esta furgoneta sin ventanas, que parece de feria, haremos un viaje de 13 horas
Empiezan a subir al techo del autobús las múltiples bolsas, cajas, bidones y hasta una bicicleta de los pasajeros y después proceden a la ardua labor de leer los nombres de la lista para que la gente vaya subiendo en orden. Dos horas después y tras múltiples empujones, enfados y gritos, nos sentamos al final del todo, pero juntos y en ventanilla y ¡qué ventanilla! Esta vez nadie ha podido cerrar las ventanas y hacer del bus una sauna (costumbre muy camerunesa). Por primera vez hemos cogido una furgoneta sin ventanas. Muchas veces las hemos visto, son amarillas, Renault, de uso industrial que aquí han tuneado y usan como autobuses. Una vez que estamos todos subidos y ordenados, un grupo de chicos tiene que empujar la furgo para que arranque. ¡Empezamos bien!

Dentro de la furgoneta no cabe ni un alfiler

Nada más dejar las calles de Ngaunderé y coger la pista rumbo a Tibati, se sube una chica, pero como no hay más sitio, va de pie en el huequecillo de las piernas del compañero de Coque. ¡No cabe ni un alfiler! Nosotros estamos indignados (pues compramos ayer los billetes y nos hemos levantado a las 4 de la mañana para conseguir un sitio), pero a medida que avanza el viaje nos damos cuenta de que es normal. A lo largo de todo el trayecto va subiendo y bajando gente, independientemente de los asientos libres que haya. Así que Coque tiene que luchar todo el camino para conservar intacto su espacio vital.

video 
Conseguíamos leer a pesar de los botes, el viento y el polvo 

Van pasando las horas sin darnos ni cuenta, entre el paisaje (que va cambiando continuamente), la lectura, los movimientos de la gente y nuestras charlas. No salimos a estirar las piernas hasta que llegamos Tibati, ciudad del Far West, 6 horas después de haber salido. Y nos parece la cosa más normal, nos duele un poco el culo pero no estamos cansados ni hartos (¡nos hemos camerunizado! Esto es algo que siempre nos llamaba la atención, su capacidad para estar sentados en un mismo lugar sin moverse. Ya hemos descubierto el secreto: práctica). 



Si bien, la parada en Tibati viene bien para comer algo y dar un paseíto por el curioso y polvoriento pueblo. Nos encantan las farolas de las plazas y la amable gente.

La plaza de Tibati y sus farolas
Un amable zapatero

Volvemos a nuestros asientos y retomamos la ruta (que no es para nada “abismal” como la describe la guía Bradt) y 3 horas después, al atardecer estamos llegando a Banyo. Al final  las 13 horas de viaje se han quedado en 10 (de 7 a 17h) gracias a las obras de mejora que están realizando en las pistas y a que es época seca y no hay barrizales.

Las casas típicas del norte
se mezclan con las construcciones características del Adamawa

Atardacer desde la furgoneta

Asombrosamente no llegamos agotados pero sí llenos de polvo. La atracción de la feria “viaje por la selva” nos ha teñido de rojo. 

Llegada a Banyo llenos de polvo y pachute

Hay dos albergues en esta ciudad de provincia y de paso (donde todo el mundo nos recibe muy amablemente, pues debemos de ser los primeros turistas que pisan sus calles) y nos decantamos por el menos malo -que no tiene ni agua ni sábanas en la cama-. Ya tenemos la reserva para el “car” de mañana y nos podemos ir a tomar unas cervezas y a comer algo caliente.

Aislada, auténtica, olvidada: el Adamawa

Se nota que por esta zona no vienen muchos blancos. Al pasar con el bus por los pueblecitos los niños no nos gritaban el “cadeau-cadeau” (regalo) que nos acompañaba por todas los pueblos del Norte. Coque está embobado viendo el partido del Arsenal-Fulham, hacía mucho tiempo que no veía una tele y menos un partido de fútbol. Me parece que está noche no vamos a jugar nuestra cotidiana Escoba.

martes, 10 de abril de 2012

Del Norte al Adamawa

Día 14. Viernes 25 de noviembre de 2011: Garua – Ngaunderé


Hoy toca también viaje, pero bastante más tranquilo, tenemos que coger un solo autobús. Yo cogería el coche de línea que para en Mbe (donde hoy es día de mercado mbororo) pero Coque sigue pachucho, así que cogeremos el de la compañía “Touristique” que es más cómodo y directo.

Coque descansando

Voy a ir a darme un paseo mañanero por Garua antes de que el sol empiece a picar y las motos a levantar polvo. No sé si tendrá mucho que ofrecernos esta ciudad que en los años '60 fue la niña mimada del antiguo presidente Ahmadou Ahidjo. De momento la primera imagen del día ha sido una grandísima sorpresa: un cine, ni más ni menos, que aunque está bastante destartalado, parece que sigue en funcionamiento.

Cinema Étoile
el único cine que permanece abierto en Camerún

Coque se ha levantado mejor y nos hemos ido a dar el paseo juntos hasta el río, la Benué. No estaban los famosos hipopótamos, pero el camino a la sombra de grandes árboles pasando por un mercado (como los de las montañas, con bil-bil incluido) ha sido muy agradable. Mucho más que el rato que después hemos pasado por las calles de la ciudad: la vuelta a los coches, a las moto-taxis, al barullo del gran mercado y al asfalto no ha sido fácil. “La ciudad no es para mí” es nuestra frase del día. Después de nuestras aventuras rurales, ahora Garua nos parece una gran urbe y decidimos marcharnos pronto.

el río Benué a su paso por Garua
pescadores en el río
el puente construido por el presidente Ahidjo, oriundo de Garua

Son las 10:30 y estamos ya en la Gare Routière con nuestro billete de autobús para Ngaunderé comprado y esperando que digan nuestro nombre por megafonía (¡Qué ordenados que son en estas tierras!) para continuar nuestro viaje. La estancia en la provincia del NORTE ha sido breve, empezamos a estar cansados y a disfrutar más del propio viaje que de la visita a las ciudades.

Sede de la BEAC en Garua

Después de cinco horas en el autobús llegamos a Ngaunderé, donde el paisaje es muchísimo más verde. Aunque les parezca increíble a los porteadores de la estación, nosotros no vamos a coger el tren para volver a Yaundé. Vamos a hacer noche aquí para ver y conocer mañana un poco más el ADAMAWA.

Habitación de la misión católica con espejo, mosquitera y agua caliente. ¡Un lujazo!

Tras instalarnos en la misión católica (muy recomendable para futuros viajeros), nos dirigimos a buscar el autobús para mañana, dirección Banyo (otra ruta alternativa). En Narral Voyages encontramos lo que queremos y reservamos nuestros billetes para las 6 de la mañana. Así que con los deberes hechos, podemos ir a cenar con tranquilidad, ducharnos con agua caliente (esta misión es el paraíso después de los últimos antros de “siestas”) y relajarnos para el viaje maratoniano que nos espera mañana.